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Acaparamiento de tierras: cuando la soberanía alimentaria se ve amenazada!

[08-01-2015]

ADG defiende la soberanía alimentaria al nivel belga, europeo y en los diversos países de intervención. Se trata del derecho que tienen los pueblos, las comunidades y los países, a definir, en términos de agricultura, pesca, alimentación y gestión forestal, las políticas ecológicas, sociales, económicas y culturalmente adaptadas a sus circunstancias. La soberanía alimentaria debe garantizar el acceso de las poblaciones agrícolas a los diversos recursos naturales, a las semillas y otros insumos; a las financiaciones necesarias para la producción de alimentos, y a los mercados, para que el trabajo se vea remunerado. La tierra hace parte de los recursos vitales que permiten a los campesinos y campesinas producir de que alimentarse y satisfacer sus necesidades.

¿Qué entendemos por acaparamiento de tierras?

El acceso a la tierra se encuentra lejos de ser garantizado para las poblaciones agrícolas y en particular para las explotaciones familiares. Los campesinos no tienen acceso a las mejores tierras, en términos de superficie, fertilidad y ubicación. Además, alguno se ven expropiados de sus tierras, las cuales han ocupado tradicionalmente, durante generaciones.

Inversionistas públicos o privados negocian acuerdos con los Estados, con el fin de tomar posesión o de controlar grandes superficies de tierras, las cuales son muy importantes para la soberanía alimentaria actual y futura de las poblaciones.

La sociedad civil, y parte de la comunidad científica, califican éste proceso como “acaparamiento de tierras”: la toma de posesión o de control de la tierra para la producción agrícola comercial o industrial, en superficies cuyo tamaño es desproporcionado con respecto al tamaño promedio de las explotaciones de la región.

La magnitud del fenómeno es considerable, y se ha acentuado desde 2007-2008. Si bien las estimaciones varían, se reconoce generalmente que la superficie mundial de las tierras en cuestión llega a 203 millones de hectáreas (¡65 veces la superficie de Bélgica!) entre el año 2000 y el 2010. De esta manera, el uso de estas tierras es desviado de su uso primario: la producción alimentaria para las poblaciones locales, rurales y urbanas.

 Utilización de las tierras acaparadas:

Como lo ilustra el siguiente cuadro, la mayoría de los acaparamientos de tierra en el mundo están ligados a la producción de agrocombustibles.

Con el apoyo de la política energética belga y europea, los agrocombustibles entran en concurrencia con el cultivo de productos de subsistencia en los países del Sur. Los efectos son bien conocidos y desastrosos: pérdida del control de los medios de subsistencia por parte de las poblaciones locales, incremento de los precios alimentarios, utilización intensiva de pesticidas y fertilizantes químicos.

El segundo uso que se les da a las tierras acaparadas son los “cultivos alimentarios”, destinados fundamentalmente a la exportación. Estos productos son vendidos en los mercados internacionales para el consumo (como por ejemplo el frijol en Kenia), pero también y fundamentalmente para la ganadería industrial (como lo ilustra el ejemplo de la soya y del maíz argentino y brasilero).

 La situación en los países de intervención de la ADG

La concentración de tierras arables, en manos de intereses privados nacionales o extranjeros, está en crecimiento en la mayoría de países donde interviene la ADG. En efecto, los gobiernos privilegian frecuentemente a los grandes inversionistas privados, en detrimento de los pequeños agricultores.

Las agriculturas familiares se ven privadas frecuentemente del acceso a la tierra, debido al privilegio de otras actividades económicas tales como la extracción minera, de hidrocarburos, la explotación maderera o la producción de agrocombustibles y otros productos destinados a la exportación.

Las organizaciones campesinas asociadas a ADG en Camboya, Senegal, Bolivia y Perú, reúnen y representan a las poblaciones agrícolas que se ven directamente afectadas por este fenómeno.

El acaparamiento de tierras concierne a un tercio de la superficie cultivable de Senegal (ENDA – PRONAT)

En el curso de los último 15 años en Camboya, cerca del 45% de las tierras cultivables han sido cedidas a inversionistas privados (Global Witness). El gobierno ha establecido importantes concesiones de tierras al beneficio de empresas dedicadas a plantaciones de magnitud industrial (principalmente caucho y caña de azúcar), sin tener en cuenta a las poblaciones locales que allí viven. Para garantizar el acceso a la tierra por parte de los campesinos, la incidencia política debe dirigirse tanto a los Estados como a las empresas, frecuentemente de origen europeo, que no vehiculan los valores promovidos por la Unión Europea en términos de la lucha contra la corrupción y el respeto al medio ambiente.

En Bolivia, las tierras son destinadas para la producción de agrocombustibles y la producción agroindustrial. En Perú, mientras que 2 millones de familias agricultoras poseen menos de 10 hectáreas de tierras, lo cual representa un total del 10% de las tierras agrícolas cultivadas, 1905 empresas poseen más de 3000 hectáreas, lo cual representa un total del 55% de las tierras agrícolas cultivadas (Censo Agrario, CENAGRO 2012). Esto sin contar los conflictos sociales ligados a las actividades extractivas: 21% del territorio ha sido entregado por el Estado en concesión minera, mientras que el 30% del territorio es utilizado para la agricultura. Sin embargo el debate sobre la propiedad territorial lanzado en 2012 ha quedado en un punto muerto.

Para lucha contra éste fenómeno en los países de intervención, ADG refuerza las capacidades de incidencia política de las organizaciones campesinas con el fin de que estas puedan defender los derechos de las familias campesinas. ADG se involucra de manera directa igualmente a través de diversas plataformas (como la Coalición Contra el Hambre), defendiendo la soberanía alimentaria, lo cual incluye el derecho a la tierra, tanto en los países del Sur como en Bélgica.