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Mi prácticas en Perú con ADG – Una experiencia de vida Olivia Coomans

[06-05-2014]

A finales del año 2013, por un período de tres meses, tuve la oportunidad de realizar mis prácticas del primer curso del Master en bio-ingeniería con el equipo de ADG en Huaraz, Perú.

Esta estancia en el extranjero trajo consiguo: un cambio de continente, de cultura, de paisaje y de lengua. Fue para mí mucho más que un aprendizaje practico y profesional. Fue una verdadera experiencia de vida.

Para empezar: el idioma.

Llegué con algunas bases de español en lo más hondo de mi cabeza, hablaba da manera vacilante y con un vocabulario bien pobre. Ya que el equipo de ADG en Huaraz estba compuesto en su totalidad de peruanos, estuve inmersa en este nuevo idioma a diario. En menos de tres meses, hablaba español. Tal vez no sin errores, pero de manera cómoda y fluida. Además, el ambiente en la oficina estaba realmente muy cálido. El equipo me recibió muy bien y sentí inmediatamente que estaba parte de ellos. Había un buen ambiente tanto para el trabajo como para la risa. Aprender un idioma nunca fue tan fácil y rápido!

Después, la cultura.

Estaba alojada en una familia peruana, de Huaraz. Ocupaba una habitación propia y compartía con ellos la cocina y los espacios comunes. Estaban Katalina, Waldo, sus dos hijos y Sacha, la perra. Me cuidaron como si fuera su hija! A menudo me invitaban a compartir sus comidas y siempre me dieron buenos consejos sobre qué hacer y ver durante mi estancia. Rápidamente, tuve mi rutina diaria en Huaraz: pasaba los días de semana en la oficina de ADG o saliendo en el campo a ver las comunidades; por la noche iba a las clases de baile; los fines de semana al mercado, a visitar, pasear por la montaña y lavaba mi ropa en el techo de la casa vistas a las cimas nevadas de la Cordillera que se vuelven rosadas cuando se pone el sol... Apoyada por mi familia adoptiva, me adapté a la vida de allí sin ningún problema.

Durante mi estancia hicimos más de una salida al campo, visitando a las comunidades andinas en los distritos de Caraz, Carhuaz, Pamparomás y Aija en el departamento de Ancash. Un coordinador de la zona me acompañaba siempre para facilitar el contacto con las familias campesinas, informándoles del estudio que íbamos a hacer allí y en que aquel les iba  a ser útil. Algo fundamental para establecer confianza y permitir el intercambio. Porque hemos de decir que, hablar el mismo idioma (aunque no exactamente... porque a pesar de que casi todos hablan el español, la lengua materna de la mayoría de los habitantes de los Andes es el Quechua, que yo no hablaba), ser amable, educado y abierto no siempre basta para romper las barreras. La realidad en el  campo es muy diferente y uno la tiene que vivir para darse cuenta. Sin el apoyo de los coordinadores, nunca hubiera podido obtener la misma información, ni las mismas conversaciones e intercambios con las comunidades campesinas, que si hubiera ido sola. Sentía una cierta distancia entre ellos y yo. ¿Era timidez? Desconfianza? O les impresionaba (probablemente no tanto como ellos a mi...)? ¿Era por mi diferente manera de vestirme? Mi color de piel? Mi accento ? Nunca lo sabré. Pero realmente pude percibir y entender lo que llaman "diferencia cultural". Para abrir una brecha en ella hay que estar paciente, humilde y sobre todo, compartir tiempo con la gente de la comunidad. Tres meses son demasiodao pocos para lograr a establecer esta relación de confianza plenamente.

En cuanto al cambio de continente y de los paisajes ... todo el mundo lo vive de manera diferente.

Pero lo cierto es que eso te abre los ojos sobre muchas cosas. Te da una perspectiva diferente sobre la vida y cómo el mundo cambia por completo en otras partes del globo. Lo que pude ver de Perú me maravilló. Es un país que tiene carácter y una gran cantidad de riquezas, tanto naturales como culturales.

Se me olvidó mencionar: mis prácticas profesionales tenían por asunto "el análisis de las oportunidades de valorización económica del Schinus molle L. por la familias de pequeña agricultura en el Departamento de Ancash, Perú". El Schinus molle L. (Anacardiacée) es un árbol originario de la región de los Andes peruanos. Sus hojas tienen un olor característico parecido a la pimienta cuando se aplastan y su fruto es una pequeña baya redonda rosada, que hace igualmente recordar a la pimienta roja. Sin embargo, aunque en la literatura de le attribuye al molle varios usos tradicionales, en el campo no le da mucha importancia.

Durante mi estancia, tuve la oportunidad de asociarme con Lionel y Meliza, dos estudiantes de la Facultad de la Industria Alimentaria de la Universidad de Huaraz. Juntos, elegimos por trabajar sobre la elaboración de "chicha de molle", una bebida fermentada hecha en base de los frutos del árbol, y sobre la extracción de aceite esencial de las hojas de molle con el fin de probar su poder repelente contra los mosquitos. Esta colaboración aumentó enormemente mis opcionemuchísimo mis posibilidades de trabajo! Fue una verdadera oportunidad por diversos motivos. En primer lugar, en un aspecto material: la universidad puso a nuestra disposición una sala de laboratorio con sala de fermentación y destilación de plantas. Después, en el aspecto del conocimiento: sin haber nunca tenido un curso acerca de ellos, aprendí muchísimo acerca de la fermentación, la destilación y los aceites esenciales. Los conocimientos de base de los dos estudiantes se sumaron a los míos, y juntos nos animamos a otros a salir del contexto conocido y de lo que hemos aprendido en los bancos del aula. Y, por último, el el aspecto social: hice dos buenos amigos peruanos !

En tres meses, he aprendido más que en los bancos del aula.

O mejor dicho, aprendí otro tipo de conocimiento. El conocimiento que no se adquiere en las aulas. Son días de dudas y de pequeñas victorias. Pero más de dudas, porque siempre hay más preguntas que respuestas. Llegué con la sensación de ser "solo una estudiante" y me fui con la certeza de que tendré esa sensación toda mi vida. Porque aprendemos haciendo. Sobre todo equivocándonos. He aprendido mucho de mis errores durante mis prácticas. Por encima de todo, aprendí a no tener miedo de tomar iniciativas y de buscar asesoramiento o ayuda, a pesar de mi sentimiento de ser "solo una estudiante."