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Testimonio de Pierre Mattelaer, estudiante en prácticas en Perú 2014-2015

[07-12-2015]

Al final de un camino de tierra está una pequeña aldea, situada a 3500 metros de altura, en la Cordillera Negra. Es el pueblo de Putaca, donde realicé mi tesina de fin de estudios, en el marco del proyecto « Ordenación participativa del territorio y de los recursos naturales en los Andes de Perú ACPic1 ».

Del 2011 al 2013, los campesinos de los pueblos vecinos  colaboraron con la ONG Diacnía asociada  local de  ADG. En Putaca, realizaron   tres « microproyectos » de conservación  del agua : 1.La repoblación forestal de las orillas  de un lago de altura con 2600 arbustos de una especie nativa  2. La protección de 42 ha de pastos naturales  y 3. La instalación de un sistema de riego por asperción.


Dos años después de esta primera fase, mi trabajo consistió en  realizar la evaluación de dichos microproyectos tratando de hacer participar a todos los actores. Eso para identificar las fuerzas y debidades de las acciones establecidas y de proponer recomendaciones para proyectos similares en el futuro, así como para la segunda fase del proyecto, iniciada en 2015. Cada proyecto siendo único, tuve que preparar el método de evaluación basándome en el contexto local. Después, la recogida de las informaciones fue realizada via talleres de grupo con los campesinos, salidas sobre el terreno, entrevistas con los actores del proyecto…… Las conclusiones sacadas  deben servir a los miembros de ADG que realizan el proyecto y también a los mismos beneficiarios, en vista de un mejoramiento constante.


Durante este proceso, descubrí una realidad muy diferente de mi cotidiano. Las condiciones de vida de los habitantes son  precarias, los medios de transporte limitados y el aislamiento se hace sentir. Entre los escasos visitantes de Putaca,  la presencia de un estudiante belga es todavía   más inhabitual. Sin embargo, a pesar de la diferencia de cultura y de idioma,  vínculos se establecieron poco a poco con los campesinos, jóvenes o más mayores. Con los hombres sobre todo pues manejan mejor el español que las mujeres, que casi sólo hablan quechua. Estos agricultores viven al ritmo de las estaciones, cultivan sus tierras, siembran, llevan su ganado a los pastos ... Conocen su medio ambiente, utilizan las plantas para aliviar el soroche o preparar una infusión con ellas para calentarse antes del día de trabajo.

Sin embargo, una serie de similitudes  aparecen rápidamente : las conversaciones durante una comida o durante las marchas por el territorio son espontáneas y joviales, los asuntos de charla son muchas veces los mismos que en Bélgica. A los  Putaqueños, como a la mayoría de los Peruanos, les  gusta reirse  pero también compartir y aprender más sobre los extranjeros que les visitan.  Al final de la tarde, los jóvenes me invitan a su partido de fútbol cotidiano, antes de cenar patatas con aji (puré de  pimientos cocida con cebolletas) y una sopa de judías blancas típica llamada shaqui.

 

El regreso a la ciudad de Huaraz, a 4 horas de Putaca es sinónimo de confort, de una alimentación más variada y de infraestructuras modernas. La diferencia con el terreno es considerable. La ciudad, rodeada de cimas nevadas de la Cordillera Blanca y de las más oscuras de la Cordillera Negra rebosa de gente, de taxis que tocan el claxon y de comercios con letreros luminosos. La oficina de ADG y Diaconía está ubicada en un barrio más bien tranquilo de la ciudad, pero a mi aviso siempre animado,  con los niños que juegan por las calles, las redes de balonvolea entre dos casas, los restaurantes de barrio con sus menús del día, los pequeños puestos que venden patatas rellenas y carnes asadas …….al ritmo de los tambores    y  de las flautas y bailarines de shaqshas.


Cuatro meses después de estas idas y vueltas entre la ciudad y los Altos Andes, ya había llegado la hora de volver a Bélgica para redactar mi tesina y reencontrarme con los míos. Finalmente, esta experiencia en Perú me hizo descubrir culturas muy diferentes, aunque se frecuentan. El contraste entre el mundo urbano y rural es sorprendente, pero el entusiasmo y la alegría de vivir siempre están presentes. En Putaca, la vida continúa  y los retos alrededor de la disponibilidad del agua siguen agudos. Los microproyectos realizados son una primera etapa hacia una mejor gestión del recurso hídrico y del medio ambiente. Espero de todo corazón que los aldeanos cumplan su visión del futuro : llegar a ser los primeros productores de aguacates de su municipio, con destino a los mercados de la costa.